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Orientación y conexión: Qué estamos haciendo para que las ciudades se interesen por el programa Urban95

Publicado 9 de octubre de 2017 – por Darell Hammond

Empecé a trabajar con la iniciativa Urban95 de la Fundación Bernard van Leer hace unos meses, después de dejar KaBOOM!, la organización estadounidense sin ánimo de lucro que había gestionado durante 20 años. Al principio la actividad de KaBOOM! se centraba en la construcción de parques, pero en los últimos años habíamos adoptado un planteamiento que, según descubrí, era similar al de Urban95: hay que llegar más allá, pensar también en la ruta que recorren los niños para llegar a los parques y aprovechar otras oportunidades para crear espacios urbanos destinados al juego y el aprendizaje.

Así que me entusiasma la perspectiva de ampliar mis horizontes, pasar de Norteamérica al ámbito internacional, de un proyecto centrado en los parques a una visión más holística del espacio urbano.

Y ese es el mensaje que queremos transmitir a las ciudades, que hay que tener en cuenta incluso a los más pequeños en todos los aspectos de la vida urbana. Los gobiernos locales tienden a pensar en la infancia solo cuando elaboran medidas relacionadas con el ocio y los parques, de modo que construyen una zona de juegos y consideran que ya han cumplido con su deber. Pero también deberían tener en cuenta a los niños pequeños otros departamentos, como el de urbanismo (¿resulta fácil cruzar la calle que lleva al parque? ) y el de salud pública (¿es peligroso jugar al aire libre debido a la contaminación atmosférica?).

No hace falta crear un departamento específico que se ocupe de los ciudadanos más jóvenes; cada miembro del gobierno debe valorar cómo afectan sus decisiones a la vida de quienes se crían en la ciudad.

Eso es lo que se está haciendo en Tirana (Albania), donde resido ahora. Casualmente, mi traslado a esta ciudad con mi mujer, que trabaja para el Cuerpo de Pacificación estadounidense, coincidió con la época en la que colaboraba en la evaluación de las propuestas presentadas al desafío Urban95 de la Fundación Bernard van Leer (cuyo nombre se refiere a la altura media de un niño sano de tres años de edad: 95 cm). Y uno de los proyectos ganadores fue la idea del gobierno local de Tirana de crear la figura del director de políticas infantiles, para evaluar cómo afectaban a los niños pequeños las decisiones de los distintos departamentos municipales y brindar una orientación al respecto.

Desde entonces, he conocido al alcalde de la ciudad, Erion Veliaj, y estamos estudiando la posibilidad de que Tirana sea una de las diez ciudades que forjen alianzas piloto con Urban95. Mientras tanto, también dialogamos con otras ciudades que ya están participando o podrían hacerlo, como Bogotá y Recife.

Hay una constante en estas conversaciones: a la gente le interesa el tema. A todo el mundo le gusta la idea de mejorar las ciudades para los niños pequeños y las familias, pero como la información sobre cómo hacerlo escasea, nos solicitan recetas y herramientas. En muchos ámbitos del urbanismo, esta cuestión se ha trabajado ya durante décadas, existen expertos de prestigio y prácticas eficaces consolidadas. En cambio, en lo que se refiere al diseño de ciudades adecuadas para los niños, queda mucho más por hacer e intentamos avanzar lo más rápido posible.

Así, hemos decidido abordar la tarea desde un doble frente: la orientación y la conexión. Parte de mi trabajo consiste en proporcionar ayuda y asistencia técnica a las autoridades de las ciudades y otra parte, en crear una red internacional de personas que estén innovando en este ámbito y puedan compartir sus experiencias para aprender unas de otras.

El desafío Urban95 está financiando proyectos apasionantes que mostrarán nuevos puntos de vista, incluso literalmente, como en el caso de los documentalistas turcos que están rodando una película en Estambul desde una altura de 95 cm para que los adultos descubran cómo ve la ciudad un niño pequeño. Otro ganador del desafío Urban95 es la plataforma The City at Eye Level, que ahora está creando una sección nueva llamada «La ciudad vista con los ojos de los niños», lo que demuestra que se está generalizando el interés por la experiencia urbana de los niños.

Asimismo, estamos elaborando las orientaciones prácticas que nos piden las autoridades de las ciudades. Una posible idea, que se está experimentando ahora en Bogotá, consiste en crear zonas prioritarias para niños en un radio de unos 150-200 metros en torno a una institución central (por ejemplo, un centro de cuidado infantil) para probar en dicha área iniciativas innovadoras como la reducción del tráfico, los carriles bici y la mejora de las aceras. Si las medidas funcionan en esta fase piloto, se podrán implantar en toda la ciudad.

Esta idea de la zona para niños se incluirá en el kit de iniciación para las autoridades municipales que se presentará en el evento de CityLab programado próximamente en París.


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